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Página 1 de 2 Dura carrera la que hemos disputado hoy en Frómista debido al viento que ha soplado durante la misma. Su intensidad no llegaba a los extremos que padecimos en Olite pero era lo suficientemente fuerte como para que los abanicos rompiesen en mil pedazos el pelotón, como así sucedió. Numerosa participación (alrededor de 150 corredores) y victoria para Blanco Soto (Avícola Galocha) seguido por un Getafe y por Alberto Sánchez (Prom. Suquía).
A diferencia de los últimos años no apareció la lluvia y pudimos correr en seco, el frío tampoco molestaba tanto, pero de lo que no nos libramos fue del tradicional viento. Hasta Frómista nos desplazamos 8 corredores del equipo: Luis, Dani, Oscar, Chuchi, Laureano, Gancedo, Fernando y Jesús Ángel. La salida se tomó con algo de retraso a causa de la gran cantidad de inscripciones y la lentitud de las mismas. Salimos neutralizados hasta la salida del pueblo por la avenida Ingeniero Rivera y la avenida Carmen Montes para salir a la P-431 en dirección a Santoyo. La salida lanzada se dió en al coger la P-431. El viento soplaba de la izquierda y durante los primeros metros nadie se atrevía a romper las hostilidades. Sin embargo la tranquilidad no duró mucho. El equipo Mariscos Castelar, en una buena maniobra, tomó la cabeza de carrera e hizo un abanico colocándose en el lado derecho de la carretera que rompió el pelotón en mil pedazos. Los que se percataron de las intenciones del Mariscos Castelar y estaban cerca de la cabeza y además tenían fuerzas, pasaron a toda pastilla para no quedarse cortados. Yo salí muy bien colocado pero las piernas no me respondieron y perdí algunas posiciones. De repente sentí un golpe muy fuerte en el pie derecho sin saber con qué había golpeado, pensé que había dado con el pedal de otro aunque me parece muy raro... El caso es que la gente me pasaba por todos los lados y el pelotón se empezó a romper en mil pedazos. Por delante se fue un grupo en el que supongo que se meterían un montón de corredores del Castelar. También vi muy atento a Felipe Rubio y a Rodrigo (C.C.Robles), Luis también pasó hacia delante con bastante fuerza. Parecía que se escapaba el caballo a las primeras de cambio. Por delante de mi quedaron Luis, Gancedo, Laureano y Chuchi. Yo me metí en un grupo con Oscar y detrás nuestro iban repartidos el resto de compañeros. Cuando conseguí integrarme en un grupo comenzó la labor de caza. Se trataba de dar alcance al grupo que iba justo delante del nuestro hasta volver a entrar en el pelotón principal o terminar al menos la carrera. Lo malo es que los que iban delante tenían las mismas intenciones que nosotros, así que la caza no se presentaba nada fácil. Para colmo, como pasa siempre en estos casos, los que colaboran en estas situaciones somos cuatro, mientras que otros muchos se limitan a ir a rueda en el mejor de los casos o a estorbar a los que pasan a los relevos en el peor de los casos, no se si por inexperiencia o porque les da lo mismo molestar a los que tiran del grupo. En este primer grupo tirábamos sobre todo mi compañero Oscar, un corredor del Esteve y yo. Poco a poco íbamos cogiendo a corredores que se habían quedado de grupos que circulaban delante de nosotros y al mismo tiempo algunos entraban por detrás así que el grupo iba creciendo. Desde Santoyo giramos a la izquierda en dirección a Támara, en ese tramo el viento era faborable a nuestra marcha. Al llegar a Támara giramos de nuevo a la izquierda para tomar rumbo a Valdespina con lo que el viento entraba de nuevo de costado. Todo este tiempo íbamos relevando en cabeza con la ayuda de algún que otro corredor. En este tramo había una subida bastante tendida pero que las piernas acusaban a causa del cansancio acumulado. En Valdespina giramos a la derecha en dirección a Amusco y a la entrada del pueblo volvimos a girar a la derecha rumbo al Magú. Nada nuevo que contar, intentábamos mantener un buen ritmo pasando a los relevos (ahora entraban algunos corredores más) teniendo en mente que todavía quedaba mucha carrera por delante. El Magú lo subimos a un ritmo tranquilo, cosa que a mi me vino muy bien. En la subida nos alcanzó un grupo muy numeroso en el que iban Dani y Fernando. En este grupo la organización de los relevos era desastrosa. Alguno no hacía más que quejarse de que íbamos muchos y no pasaba casi nadie, otros pasaban una vez de cada diez y se habrían unos huecos que rompían el ritmo, otros hacían la guerra por su cuenta y saltaban del grupo.... Fernando, Oscar, Dani y yo intentábamos pasar regularmente. Después del primer paso por el Magú volvimos a pasar por Támara y de allí fuimos hasta Piña para volver de nuevo a Frómista y comenzar la segunda vuelta del circuito. Allí seguíamos tirando para reducir la distancia con el grupo predecesor sin muchas esperanzas de que el trabajo diera sus frutos. En la subida que hay después de Támara, Oscar ya no pudo más y se descolgó. Yo también estuve a punto de quedarme pero conseguí no perder contacto con el grupo. Para mi sorpresa, poco después de Amusco dimos alcance al pelotón principal. Era como si se hubiesen parado a esperarnos :-) Por delante iba una escapada de unos cinco corredores, aunque en ese momento no se les veía. El Magú se subió de nuevo bastante despacio (menos mal). Después pasé un momento a la cabeza a ver si había que echar una mano, aunque ya iba con las fuerzas muy justas. Di un relevo a los de Ciclos García y en ese momento arrancó uno por la izquierda. ¡Me pasó más de medio pelotón! Desde entonces me limité a intentar llegar en el pelotón, algo que no fue nada fácil. Cuando pasamos Piña de Campos se veía a los escapados relativamente cerca, seguramente habían bajado el ritmo y se estaban vigilando pues la meta estaba muy cerca. En el pelotón algunos animaban el ritmo para ver si les cogían, pero finalmente no fue posible. A lo lejos pude distinguir a dos corredores que eran cabeza de carrera y poco después otro grupo de tres o cuatro corredores más. Por fin terminó el sufrimiento y pasamos la línea de meta sin percances. La organización preparó un pincho como en años anteriores previo a la entrega de trofeos en el que pudimos recuperar fuerzas.
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